Mi debilidad es mi fortaleza
En términos de suicidio, la persona que piensa en atentar contra su propia vida, sin saberlo, carga con una enorme culpa por no desear vivir. Mantiene ese peso en secreto, como si fuera algo sucio o malo.
Jamás se habla de esto, pero el hecho de querer morir conlleva un gran peso en la conciencia, porque nadie te dice si está bien o mal. Los pensamientos llegan silenciosamente y nos hunden en un mar oscuro, donde sentimos que no podemos más contra esas olas.
El título de este texto, “Mi debilidad es mi fortaleza”, refleja precisamente reconocer esa debilidad que no queremos aceptar. Frente a otros, nos disfrazamos con una gran fuerza interior, aparentando estar bien mientras nos consumimos por dentro.
Aceptar que el hecho de querer morir no es malo es la ventana que nos permite empezar a darle salida a ese problema que nos ahoga.
Lo primordial es pedir ayuda, pero si no hay quien nos entienda, podemos reconocer que este sentimiento quizás no nos pertenece por completo. Podría originarse en heridas profundas: un embarazo difícil de nuestra madre, sensación de abandono en los primeros meses de vida, o incluso temas heredados del linaje familiar.
Exteriormente pueden existir situaciones que detonen las crisis, pero no siempre son la causa real de ese deseo de morir. A veces, hechos externos activan heridas internas profundas, generando una explosión de emociones que nos sobrepasa.
Comparto este texto porque en mi propio camino me costó reconocer esta debilidad, tratando de ocultarla con victimización o culpando a otros por mi situación.
Cuando entendí que el deseo de no vivir no me pertenecía completamente, fue un trabajo difícil aceptarlo y sanarlo. Hoy te comparto que mis crisis de suicidio, que antes fueron mi debilidad más grande, se han convertido en mi mayor fortaleza y regalo de la vida.
No es algo que se aprende de la noche a la mañana. Llevo años recorriendo un camino de autoconocimiento. Tu camino puede ser diferente, pero quiero que sepas que es posible transformar esa debilidad en fuerza.
Vivimos en un mundo acelerado, lleno de expertos autoproclamados y contenido superficial en internet. La mayoría carece de información real o profunda para guiar a alguien que atraviesa este proceso. No caigas en la falsa espiritualidad; aprende a discernir conforme a tu verdad e intuición.
El suicidio es una gran máscara que, si no se atiende, puede llevar a la pérdida de un ser querido o incluso de uno mismo. Pero hay otro camino: reconocer nuestra vulnerabilidad, aceptarla y transformarla en fuerza.
Mientras más lo exponemos, más pierde su poder sobre nosotros. La principal medicina es aceptar la debilidad como parte de nuestro ser, no como algo malo. El suicidio o el intento puede convertirse en una cicatriz que nos recuerda que sobrevivimos, y que la vida, a pesar de todo, tiene un regalo inmenso que ofrecer.
Alquimia, transmutación, doctrina, iluminación… diferentes caminos y nombres llevan al mismo fin: el amor hacia uno mismo.
Estamos en una nueva era de luz. Escoge siempre el camino de la luz y la verdad, aunque sea lento. Al hacerlo, esa debilidad se transformará en tu fortaleza y solo quedará como una cicatriz que muestra que sanaste. La memoria es un hermoso regalo.
No estás mal, no eres el único, no estás solo y no tienes que cargar más con esa mochila. Suéltala.
Con amor,
Areli Olivares

Cuento crisis de un suicidio - "La sabiduría es solo para el buscador"
[…] presento a lo que por más de 20 años tardé en reconocer y yo llamo CRISIS DE UN SUICIDIO. Llegan sin esperar. Y debajo de esa sombra espesa y negra se encuentra una niña abandonada, […]