¿Qué función tiene el ego en la conciencia del ser humano?
En esta nueva era, se cree que para ser una persona iluminada o espiritual se debe eliminar al ego, arraigando la idea de que es un estado de la conciencia del que podemos deshacernos.
Mi intención no es entrar en controversias sobre lo “correcto” o no del ego, sino describir su funcionalidad en la psique y, en el mundo material y físico, la imposibilidad de eliminarlo.
El ego es una herramienta sumamente importante para la experiencia en la tercera dimensión. Debemos aprender a dominarlo, al igual que la mente, para que se convierta en un poderoso aliado.
Se trata de un estado limitado: es solo una pequeña isla en la conciencia que permite el disfrute de la materia.
¿Por qué limitado? Porque se basa únicamente en los hechos observables. No incorpora lo místico ni lo sentimental, pues su función es ser nuestro explorador de materia, escolta y blindaje durante este viaje físico.
Entre sus funciones se encuentra la capacidad de distinguir pasado, presente y futuro. Nos ayuda a percibir la realidad material, identificar polaridades (lo bueno y lo malo, lo blanco y lo negro) y decidir cuándo detenernos o avanzar.
Actualmente, el ego está muy malentendido. Se le ve como un enemigo, cuando en realidad es necesario para subsistir. Protege del daño, permite seguir viviendo y superarse. Como toda polaridad, el uso excesivo de un solo lado de la balanza causa desequilibrio y daño.
Por ello, no se trata de eliminar al ego —es imposible, como luchar contra el agua— sino de buscar equilibrio, sabiendo cuándo soltar la correa y cuándo sujetarla firmemente.
El autodominio y el autoconocimiento, adquiridos mediante práctica y disciplina, son esenciales para manejar el ego correctamente.
El ego puede ser un gran aliado, pero si no se reconoce y controla, puede mostrar su lado sombrío. Le gusta el poder y el control; cuando se le da rienda suelta, se aleja de la naturaleza.
Fuerte es quien controla sus emociones, no quien se deja arrastrar por ellas y causa caos. Poderoso es quien se controla a sí mismo, no quien manipula o somete a otros.
Existe también un egoísmo sano, que permite poner límites y cuidar lo que nos pertenece. Este tipo de ego, llamado “Diosismo” en algunos textos, prioriza primero a uno mismo para poder luego auxiliar a los demás.
Recuerda la analogía del avión: primero debes colocarte tu propia mascarilla de oxígeno antes de auxiliar a otros. Si tú no estás bien, difícilmente podrás ayudar a quienes te rodean de manera correcta.
En la conciencia, el timón de la vida siempre es el Alma junto con el Corazón. La fuerza más grande que reside en la vida es el AMOR. El cuerpo es solo un vehículo del Alma y del Espíritu. En los planos superiores, el ego no existe.
Para la carne es difícil identificar la Unidad, pues solo podemos reconocerla a través de los polos: lo que percibimos como “bueno” o “malo” ocurre en la mente, basado en programación y percepción. Escoger un lado del polo crea la separación con la Unidad (AMOR).
Por Areli Olivares

