“No me volví tu enemiga por exigir. Me volví tu enemiga porque sostuve lo que tú soltaste.”
¿Te has preguntado por qué la mamá soltera se ha vuelto ícono de la incomodidad? ¿O por qué se le señala más a la que sostiene que al ausente?
A nadie nos gusta que nos digan nuestras verdades o en qué estamos mal, y la mamá soltera, con la sola acción de sostener el paquete, ya está siendo un reflejo de lo que el otro no pudo sostener de su parte. No es una historia individual, es un patrón. Se repite en muchas mujeres que maternan solas. No porque lo eligieran así, o “eligieran mal al papá de su hijo”, sino porque alguien más soltó su lugar.
En los sistemas familiares, el equilibrio importa más que la justicia. Y cuando un padre no ocupa su lugar, alguien tiene que hacerlo para que la vida continúe. Casi siempre es la madre.
Ella sostiene: la crianza, la presencia, las decisiones, la continuidad, la provisión, la protección, la guía, la sanación y, sobre todo, el calor humano y el amor.
Pero al hacerlo, porque su naturaleza es criar, deja al descubierto una ausencia. Ahí comienza el conflicto.
No porque ella ataque, sino porque su sola existencia ordena lo que el otro dejó desordenado. Para la figura paterna que no pudo sostener, ese espejo se siente como acusación.
Allí aparece la narrativa conocida: “Ella es difícil, está loca, es una exagerada, ella es la que no quiere”.
Pero, sistémicamente, no se odia a la persona, se rechaza el espejo.
El padre que no asumió el papel queda en un lugar infantil, no por maldad, sino por evasión. Y frente a una mujer que sostiene, que provee, que sí responde, no se siente a la par, se siente expuesto. No la ve como una compañera, la ve como una figura que le recuerda lo que no puede o no pudo sostener.
Eso es lo que genera la resistencia, la distancia y hasta el ataque.
La madre, por ser la que sí está presente, se vuelve el síntoma visible del sistema, o sea, el foco de atención. Se le exige comprensión, silencio, flexibilidad y que romantice el sufrimiento, porque se supone que “para eso fueron hechas”. Al ausente no se le exige nada, simplemente porque ya no está.
El costo de este patrón no es solo emocional para la mujer, sino que también alcanza al hijo o a los hijos. El hijo o la hija ama a quien lo cuida y anhela al que le falta. Así, el infante queda dividido entre el calor de su madre y la guía de su padre.
Entre tanto, sí o sí, los derechos están cambiando para la mujer, porque hablamos de cientos de años donde se trató de adiestrar a la mujer a sufrir y a romantizar ello. No concientizan el hecho de que todas somos parte de la vida, que no hay mucha diferencia entre la mujer que los parió y aquella a la que le hacen el amor, porque, simplemente, salen de un vientre para volver a otro vientre. Siempre dependerán del alimento que una mujer proporciona, tal como la Madre Tierra, que produce la tierra, las semillas, las verduras, las frutas y demás alimento que todo ser humano ha necesitado para alimentarse y tener esta experiencia carnal. Literalmente, comemos en lo que nos vamos a convertir algún día: en polvo, en tierra.
Todo en exceso desgasta, marca y cansa. Así como la tierra está cansada de la explotación, por más amor que nos tenga, no puede producir de la misma manera. Lo mismo pasa completamente igual con la mujer. Por más amor que le tenga a dar vida, al hombre y a multiplicar, el exceso la desgastó y la obligó a recogerse. ¿Cómo? Poniendo límites. ¿Por qué? Te la estabas acabando por tu ignorancia y ahora te quejas. Pero no se te hizo nada, ni se te hará nada, solo se te puso un límite y con ello fue sufiente para que no te pareciera.
Varón irresponsable (porque no lo son todos, pero sí la mayoría), nosotras tenemos la conexión directa con la fuente. Por más que trates, no nos afectas. Puede que en un principio sí te salgan tus planes de lastimar a una mujer, pero la mujer es tan sagrada para Dios y el universo que tiene de fábrica la resiliencia, porque sin ella no hay vida. Y eso no tienes el poder de controlarlo. Cada mujer es SAGRADA y cada madre soltera está proveída y protegida bajo la sombra del Altísimo, que, por más que se le pisotee o se le trate de controlar, más se libera. Pero lo que tú has hecho, porque tu misión fue clara: proveer y proteger, al negarte a hacerlo más te desconectas y más te hundes a ti mismo, porque la tierra es tu casa y la mujer es tu hogar.
Hay dos tipos de personas ignorantes: el ignorante que no sabe, y la otra, más peligrosa, el que sabe que no sabe y aun así no hace nada.
A las mujeres que crían y se levantan día a día a sacar a mini humanos adelante.
No busques igualdad, hermosa, busca equidad. No queremos ser como ellos. La ley está mal, así que no creas todo lo que te dicen. No tienes que igualarlos en fuerza ni mentalmente. Su racionalidad los llevó a desconectarse de sí mismos y del calor humano. Tu fuerza reside en lo visceral, en tu corazón, en tu resiliencia y en tu capacidad de dar vida. Somos un equipo, no competencia, y no es tu responsabilidad explicarles a ellos cómo tiene que ser, ni tampoco explicar tus acciones o decisiones.
Tú has sostenido y hecho lo que tenías que hacer para llenar ese hueco. No debes nada ni tampoco debes exigirte. No romantices el sufrimiento, no romantices el sacrificio, porque tus hijos aprenden con el ejemplo más que con las palabras. Enséñales cómo es la vida sin sufrimiento ni sacrificio. La vida no se está llenando de comodidades y tecnología para que sigas sufriendo, sino para que por fin sueltes.
Reconstruye tus huesos, tu espíritu, tu esencia, y no le expliques a nadie. Recógete a ti misma y vuélvete a armar, que te tome el tiempo que te tenga que tomar, no es carrera. Vuélvete egoísta, no des si no estás lista y no sostengas si antes no te sostienes a ti. Escucha a tu sabia interior y a tu intuición, te están pidiendo despertar, porque sin ti no hay vida, sin ti no hay alimento y sin ti no hay amor.
De toda la tierra que te echaron y de todas las veces que te pisotearon, que sea el abono para tu renacimiento. Deja a tu Dios la justicia y siéntate a ver con paciencia cómo caen ante ti (sin tú mover un dedo) los que mordieron la mano que les dio de comer. Pero, sobre todo, hazme este grandísimo favor: “no endurezcas tu corazón, porque ese corazón de pollo te lo puso Dios por algo y para algo. Así que sigue amando, aunque no lo comprendas del todo, porque por ti el mundo sigue girando”.
Con Amor Arely Olivares.

