Padre, gracias por mis pies y mis piernas; sé que hay quienes caminan la vida sin ellos.
Padre, gracias por mi piel sana; sé que hay almas que llevan el dolor de la piel quemada.
Padre, gracias por mis manos y mis brazos; sé que hay personas que añoran el abrazo que no pueden dar.
Padre, gracias por mis ojos; sé que hay quienes habitan en la penumbra y no pueden ver.
Padre, gracias por mis oídos; sé que hay quienes viven en el más profundo silencio.
Padre, gracias por mi nariz y mi aliento; sé que hay quienes luchan por respirar naturalmente.
Padre, gracias por mi cabello; sé que hay cabezas desnudas por la enfermedad o el peso de la preocupación.
Padre, gracias por la bendición de mi hijo; sé que hay corazones que lo desean con el alma y no lo tienen.
Padre, gracias por mi buen juicio y mi paz mental; sé que hay mentes que andan perdidas en la confusión.
Padre, gracias por el pan de cada día; sé que hay mesas vacías en el mundo. Padre, gracias por el cobijo de mi hogar; sé que hay cuerpos que duermen a la intemperie.
Padre, gracias por esos hermanos a quienes les falta algo. Gracias por su valentía para salir adelante a pesar de la ausencia; es a través de su esfuerzo que puedo contemplar el contraste de mi propia abundancia. Honra sus vidas y bendícelos por asumir un papel tan difícil, recordándonos a nosotros, “los completos”, la inmensidad de lo que poseemos.
Perdona mis quejas y mi ignorancia. A veces estoy tan sumergido en tu amor que me vuelvo ciego a él; es tan vasto todo lo que me das, que olvido que lo sagrado habita escondido en lo cotidiano.
Te ama, tu hij@.

