En algún momento de tu vida, tendrás que defenderte de los golpes de tu madre y salir de casa.
Te sentirás culpable, pero hiciste lo correcto. Esa fue la primera puerta hacia tu libertad,
el primer paso para crear tu propio camino.
En algún momento de tu vida, te embarazarás joven. No le tengas miedo a esa nueva vida:
será tu luz en los momentos oscuros y su sola presencia te rescatará más de una vez.
En algún momento de tu vida, en la juventud, creerás que la escuela y los estudios superiores no son tan importantes. Pero sí lo son. Alcanza el mayor grado posible, porque tu yo del futuro agradecerá cada esfuerzo y cada sacrificio hecho por tu crecimiento.
En algún momento de tu vida, cerca de los veintidós, tendrás un novio que limitará tu expansión y querrá controlar tu libertad. No te cases con él. Cerrar esa puerta será tu primer acto de valentía, y más adelante entenderás que fue la elección correcta.
En algún momento de tu vida, usualmente alrededor de los veinticuatro, te sentirás terriblemente sola. Ese vacío no será un castigo; será un llamado. Lee el primer libro que llegue a tus manos:
ahí empezará tu despertar y descubrirás que la soledad también enseña.
En algún momento de tu vida, a los veinticinco, te hundirás en la depresión para reestructurar tu realidad desde adentro. Es importante que vayas a esa ceremonia de ayahuasca, aunque tengas miedo, porque al fondo del dolor también vive una luz que espera por ti.
En algún momento de tu vida, sentirás que te vuelves loca con tanta verdad. Ese vértigo solo significa que estás despertando. Por eso es esencial que te conozcas a profundidad y leas, leas muchísimo, para integrar todo lo vivido y convertirlo en claridad.
En algún momento de tu vida laboral, vivirás injusticias que te harán dudar de ti misma.
No te quedes callada. Aunque tu voz parezca rebelde, más adelante bendecirás ese coraje: fue tu alma diciendo “hasta aquí”, abriendo espacio para una vida más justa y digna.
En algún momento de tu vida, tendrás que vivir sola, muriéndote de miedo entre tus propias paredes. Pero solo así —en el silencio que asusta— encontrarás a Dios. Escucharás la voz del unguido y te enamorarás de Él, como quien reconoce por fin la presencia que siempre estuvo allí.
En algún momento de tu vida, deberás comprender que no hiciste nada mal, que todo lo que hiciste fue con lo que tenías, con lo que sabías y con lo que tu corazón podía dar.
Permítete mirar atrás con compasión, sin juicios ni reproches,
y escucha lo que tu yo del pasado necesitaba oír:
¿qué palabras le darías hoy para abrazarla, sostenerla y agradecerle?
Con AMOR, hacia mi yo pequeña.
– Arely Olivares

