Cartas escritas sin voz

Le pedía ayuda a Dios
y lo único que recibía
era silencio.

En mi soledad no entendía
por qué no me respondía.

Hasta que llegó su revelación:
cuando dejé mi antigua piel,
lo que antes no veía
comencé a mirarlo
con lucidez y claridad.

Le pedí y no respondió como yo esperaba.
Crecí durante años creyendo
que no me escuchaba,
que me había dejado sola,
a mi suerte.

Pero cada vez que regreso a mi historia
lo descubro en todo.

Cuando no pudo arrancarme
de lugares a los que no pertenecía,
me dio fuerza para resistir.

Cuando no tenía fuerzas para continuar,
me envió canciones
que me ayudaban a levantarme.

Cuando no entendía nada,
me habló a través de los libros.

Cuando creí estar sola,
me envió desconocidos,
hasta que aprendí
a zarpar por mí misma.

Cuando le pedí muerte,
me dio transformación.

Cuando le pedí sanar,
me envió plantas.

Cuando le pedí respuestas,
me envió maestros.

Cuando no sabía qué tenía,
me mostró historias
más trágicas,
más tristes,
para reconocerme viva.

Cuando nadie me escuchaba,
me regaló la escritura
para que pudiera escucharme yo.

Cuando le pedí ayudar a los demás,
me dio sabiduría.

Y cuando le pedí amor,
me dejó en soledad.

Durante años creí
que no me escuchaba.
Hoy comprendo:
solo hablaba
en otros lenguajes.

Con AMOR, por mi Padre, Arely Olivares.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *.

*
*