La palabra humano parece absurda de definir, pues quien leerá estas palabras, por coherencia, será un humano. Pero lo hago porque ni yo misma me había puesto a profundizar en su significado —irónicamente—, ni siquiera después de haber encarnado a un humano durante muchos años.
¿Qué me llevó a cuestionarme qué significa la palabra humano? Tal vez porque no me conocía lo suficiente, o tal vez porque quería la definición de otros. Incluso la tecnología se rió de mí al hacer tal pregunta, pero en fin: ellos no sienten mi profundo deseo de conocer el significado de cada palabra.
La palabra humano viene del latín humanus, que a su vez nace de humus, que significa tierra. Y ser humano, en su raíz más profunda, es ser de tierra: algo que siente, que se equivoca, que nace, que cae, que aprende y que vuelve a levantarse.
Entonces, con ambas definiciones de humano y ser humano, en pocas palabras, el hombre es hijo de la tierra, literal y metafóricamente. ¿Por qué? Porque somos parte de la materia que nos formó. Literalmente, somos tierra habitando la tierra (ve a leer ese artículo, te va a encantar).
Humano: ese que se equivoca y comete errores. ¿Pero por qué es tan imperfectamente perfecto? Porque humano no significa perfección absoluta ni estar siempre bien. Humano es sentir contradicción, llorar, cansarse, amar, fallar, pausar, no saber, llorar, continuar, equivocarse, cagarla, llorar, caminar, hacer ejercicio, trabajar y, ah, llorar.
Luego el humano busca dejar de ser humano (ilógico en su totalidad, pero bueno) y busca respuestas en la espiritualidad. Y después se da cuenta de que duele intentar dejar de ser humano para aparentar ser fuerte, saber más, ser “espiritual” o “correcto” todo el tiempo. Tras un rato de luchar en lo invisible, se cansa y se da cuenta de que eso no es humanidad, sino exigencia.
Todo para descubrir que, en su búsqueda de saber quién es a través de lo espiritual, todo el tiempo ha sido exactamente eso que estaba buscando. Que ser humano no es opuesto a lo divino, sino el lugar donde lo divino se encarna.
A caray… ¿lo leemos otra vez?
El ser humano es el lugar donde lo divino se encarna: carne, tejidos, músculo. ¿Todo este escándalo para sentir un simple abrazo? Sí.
Luego el buscador me da otro significado: humānus, -a, -um, que significa humano, propio del hombre, civilizado, compasivo.
¿Civilizado? ¿Compasivo?
Y respondo con orgullo: claro. Pues somos la única raza capaz de soportar niveles inconmensurados de dolor para abrirnos al amor.
O dime tú: ¿quién no se volvió más sensible y compasivo después del dolor de una muerte, una pérdida o un cambio que lo transformó? ¿Tiene que pasar algo tan doloroso para que captemos y cambiemos? La respuesta es triste y, felizmente, sí.
Tengo que sufrir para ser un humano civilizado, porque si no capto qué es el sufrimiento, le hago daño al otro. Y si le hago daño al otro, me la pelo, porque la ley de causa y efecto me alcanza (risa, me estoy riendo de verdad).
Bienvenido, humano, a la Tierra: donde se come mejor en la pobreza, pero se anhela la riqueza. Donde el rico vive en casas de revista, hermosas pero frías y vacías, y el pobre vive sin cobijas, pero calientito con esos atoles de la abuela.
¿Irónico? Irónico es ser humano. Eso es irónico.
Bueno, y si no quedó al cien por ciento entendido, te dejo el resumen académico de humano:
En latín, humano no significa perfecto ni elevado; significa terrenal, limitado, sensible, formado desde la tierra.
Si lo estás estudiando, la idea clave es esta: lo humano se define por su vínculo con la tierra y sus límites, no por trascenderlos.
¿Límites? Benditos límites, porque para Dios no hay imposibles.
Con amor,
Arely Olivares
Posdata: Feliz Navidad, humano.

