Ahora la jaula esta abierta pero el pájaro no sabe volar

imagen realizada por inteligencia artificial

Respira. No hay urgencia. La jaula está abierta; puedes quedarte un momento más, claro, si lo necesitas.

El pájaro no ha olvidado volar; sólo está recordando cómo es que se siente el aire.

La paz puede asustar cuando nunca fue costumbre. Pero no pasa nada. No tienes que saber qué hacer con ella hoy; la libertad no empuja.

El camino no se ve completo, en realidad nunca lo hace, y aun así algo dentro sabe.

Tus alas están rígidas, no rotas, sólo dormidas. Trátalas con paciencia: han esperado mucho. Míralas con suavidad, no para exigirles vuelo, sino para agradecer que sigan ahí.

Acércate al espejo. Mírate, no busques respuestas, solo presencia.  Las cicatrices que observas no necesitan explicación; son la prueba de que sobreviviste con el corazón despierto. 

Tómate tu tiempo al recordar; sé que te preguntas: ¿en qué momento la puerta dejó de ser puerta? Nadie avisó; pero lo hermoso es que los milagros suelen ser así. 

Soñaste tanto con salir que, cuando ocurrió, no supiste qué hacer con tanto cielo. En la mente era fácil; en el cuerpo, no.

—¿Y ahora?— preguntas al aire.

Nadie presiona, ni el viento ni el clima, pero el hambre de vida aparece.

Avanza despacio, paso a paso. Estira las alas sin exigencia, obsérvalas, pluma por pluma. Nunca las miraste así; siempre fueron tuyas y, aun así, las desconocías.  

Cierra los ojos, escucha: Tun, Tun. Un tambor pequeño en el pecho. Ese sonido es suficiente por ahora.

No todo recuerdo puede acompañarte. Algunos ya cumplieron su misión; puedes dejarlos descansar. Viaja ligero, no por fuerza, sino por cuidado. El cansancio enseña que la libertad no admite equipaje innecesario. 

Cuando estés listo, mira la jaula una última vez, no con rencor, con gratitud. Ella te sostuvo cuando no sabías sostenerte.

Da un paso, solo uno. Un primer batir de alas, como quien aprende del aire y se deja guiar por él.  Confía en tus alas. No negocies más con las ramas. 

El mar no insiste por error, no convoca sin causa. Eso que te mueve hacia él no es capricho. Algunos nacen con sal en la memoria.

Respira otra vez. La libertad también aprende a vivirse.

Y si hoy no vuelas lejos, está bien: confiar también es un tipo de vuelo. Y el pájaro voló y siguió volando…

Arely Olivares

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *.

*
*