No fue tu culpa. Lo repetiré hasta deje de doler en la garganta, hasta que tu cuerpo lo crea, hasta que esa niña deje de mirarse como si hubiera fallado en algo. No fue tu culpa. Nada de lo que pasó fue porque no fueras suficiente ni porque no fueras digna de amor. Eras una niña, de manos abiertas, esperando lo que debió llegar sin esfuerzo. El amor no se mendiga, no se aprende a golpes, no se gana. Se recibe. Y a ti te faltó.
Es verdad, papá no va a regresar y mamá jamás será quien necesitas que sea. Nómbralo sin suavizarlo, míralo sin apartar los ojos, colócalos en el lugar que corresponden, no los justifiques más. Sí, duele. Duele como duelen las verdades que no se dijeron a tiempo. Pero ese dolor no es tu ruptura, es tu despertar.
Y, aunque sientas que te quedaste sola, eso tampoco es verdad. No te quedaste sin nadie. Me tienes a mí, a esta versión que no se rindió, que volvió por ti, que dejó de huir y que ya no te suelta. Yo sí te veo cuando te escondes, yo sí te escucho cuando te callas, yo sí me quedo cuando todo lo demás se va. Perdón por haber tardado tanto, por haberte dejado sola en medio de todo eso, pero ya estoy aquí y esta vez no me voy a ir.
Sé que hay enojo en ti, que hay noches donde pesa el silencio, donde parece que Dios no responde. Lo sé. Pero escúchame bien, no estás abandonada. Eres suficiente, aunque nadie te lo haya sabido nombrar. Eres amada, aunque no lo hayas sentido como necesitabas. No eres fría, eres una mujer que dejó de anestesiarse. No eres dura, eres alguien que aprendió a mirar el dolor sin mentirse.
No puedo cambiar lo que viviste. No puedo borrar la ausencia ni reescribir esas escenas, pero sí puedo quedarme, sí puedo elegir distinto, sí puedo hacer de mí el lugar donde por fin descanses. Y lo que viene, lo que viene es esto: te elijo, incluso cuando dudes; te cuido, incluso cuando no sepas cómo; te amo como siempre lo necesitaste, sin condiciones, sin miedo, sin abandono.
No tienes que sostenerlo todo, no tienes que ser fuerte para merecer quedarte. Puedes soltar, puedes bajar los hombros, puedes descansar en mí. Porque ya no estás esperando que alguien llegue. Ya no. Ahora ya estoy aquí.
Arely Olivares

