Mamá este escrito es para ti

Mamá:

Este escrito no va para aquellas mamás amorosas, tiernas y delicadas. Este escrito nace para las mamás duras, para las que la vida desgarró tanto que terminaron desgarrando también a sus hijos.

Va para las mamás que hicieron sentir a sus hijos como competencia, como una sombra sin importancia.
Para las mamás que sostuvieron el título de madre únicamente porque fueron el puente por el que llegamos a este mundo.

Va para las mamás que hicieron pagar a sus hijos el precio de sus heridas y nos heredaron culpas que nunca nos pertenecieron.


Para las mamás que nos molieron a golpes porque ya no quedaba ternura viva dentro de ellas.


Para las mamás que exigían lo que ni siquiera sabían darse a sí mismas.


Para las mamás cansadas, enfermas, histéricas de dolor y de silencios acumulados.


Para las mamás que jamás dijeron “te amo”, “gracias” o “perdón”, porque nadie les enseñó el idioma del afecto.

Este escrito es para esas mujeres endurecidas porque la vida les endureció el alma.


Para las mamás que jamás conocieron el AMOR y, por ello, nunca supieron cómo entregarlo.


Para las mamás que sobrevivieron con lo poco que tenían entre las manos y dentro del pecho.

Es para las mamás que también fueron niñas golpeadas, porque olvidamos que antes de ser madres fueron hijas a las que también les rompieron la dulzura.


Para las mamás que tampoco recibieron un beso ni un abrazo de nuestra abuela, porque ellas también cargaron el peso de ser las ovejas negras del linaje.

Es para las mamás que fueron violadas, abusadas y silenciadas, y que desde entonces dejaron de creer en el amor de pareja.


Es para las mamás resistentes, las que aun haciendo daño, muchas veces no sabían que lo estaban haciendo.

Es para las mamás que, incluso desde el error, nos mostraron el camino del discernimiento.


Las que nos enseñaron, con su ausencia y sus heridas, todo aquello que faltaba para llegar a la verdad y al verdadero significado del amor.

Es para las mamás que araron el camino con las manos rotas, permitiendo que esta generación se convirtiera en una generación de mamás amorosas.


De las que les dicen “te amo” a sus hijos para que nunca lo olviden.


De las que abrazan y besan en cada oportunidad para que sus hijos jamás conozcan el frío de los golpes ni el vacío de la indiferencia.

Porque fueron esas mamás “duras” y “malas” las que, sin saberlo, sembraron la nueva generación de mamás “dulces” y “buenas”.

Porque sé, madre mía, que algo de ti todavía respira dentro de mí.


Que en mi voz viven sueños que quizá un día guardaste en silencio.


Porque lo que hoy me atrevo a hacer tal vez alguna vez habitó en tu corazón como un deseo imposible.

Somos la misma carne atravesando distintos caminos.
La misma sangre intentando encontrar una forma más suave de existir.


Y por eso sé que, desde algún rincón de tu alma, deseas que ya no mire hacia atrás, que tome la luz que tú no pudiste sostener y siga adelante.

Por eso este escrito es para ti, mamá, aunque no sé si algún día descubrirás que tu hija escribe.


Que aprendió a poner en palabras los silencios que habitaban en tu pecho.


Que convirtió la herida en lenguaje y el dolor en voz.
Porque tu hija terminó diciendo, con tinta, sangre y alma, todo aquello que tú nunca pudiste nombrar.

Por eso nace este escrito.
Por eso estas palabras llevan tu nombre entre las manos.

Y aun con las heridas, los silencios y todo lo que dolió…
gracias, mamá.

Porque antes de ser mi madre, también fuiste una niña intentando sobrevivir.

Te amo. 🤍

— Arely Olivares ✨

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