Qué es el instinto

El instinto: antena del alma

Como sabemos, el instinto es una reacción automática ante un acontecimiento —generalmente aquellos que nos ponen en peligro— y busca asegurar nuestra supervivencia.
Es como cuando se nos eriza la piel: una señal de que algo no anda bien, una alerta silenciosa que sentimos antes de confirmarla con los ojos.

El cuerpo es el vehículo del alma, pero también el receptor del mundo material. Capta mucho más de lo que imaginamos.
De hecho, los recuerdos no solo se basan en imágenes, sino en el cúmulo de sensaciones, olores y sentimientos que acompañaron una experiencia.

A lo largo de la evolución, el instinto se fue desarrollando para ayudarnos a sobrevivir. Por eso a veces sentimos que alguien nos observa y, al voltear, lo comprobamos.

El instinto funciona como antena receptora: nos indica cuándo algo no está bien y debemos huir, pero también nos conecta con nuestra creatividad y nuestra esencia.

Lo que nos diferencia de los animales es la razón y la lógica. Sin embargo, muchos seres humanos han perdido su capacidad de percepción porque quieren reducir todo a la mente lógica o adoptan comportamientos ajenos a su verdadera esencia.

Cuando no nos conocemos a nosotros mismos, el instinto puede volverse nulo. Este lenguaje no habla con palabras, sino con emociones y sentimientos. Si lo ignoramos, perdemos la ventaja que nos ofrece esta brújula interior.

Con el instinto bien desarrollado, podemos detectar peligros, energías o situaciones que no resuenan con nuestro estado de vibración. Esta antena protege al ser humano en su experiencia terrenal, ayudándole a avanzar lo más lejos posible y a cumplir su misión de vida.

Arely Olivares

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