¿Por qué importa la historia?
La historia de Hitler es sumamente interesante y la tomaré como ejemplo para explicar por qué la historia es tan importante (aunque, admito, a mí también me aburría). Comprendí que la historia es la base sobre la cual se construye la innovación en este planeta. Conocerla nos actualiza y, además, nos impulsa hacia la transformación.
Todos sabemos, o la mayoría, que Hitler fue un líder que ordenó el asesinato de millones de judíos. Pero lo que me interesa de esta historia es que estamos al borde de una posible tercera guerra mundial, y muchos están olvidando un punto crucial de la historia.
En el siglo XX no existía la tecnología como la conocemos hoy. Por eso, era más fácil manipular a las masas con miedo y propaganda. Pero ahora, en pleno siglo XXI, tenemos acceso a luz, agua, tecnología, información… La tecnología ha sido la gran puerta a la innovación, pero también al despertar y la actualización del ser humano.
El poder mental de Hitler fue impresionante. Aunque él es responsable de millones de muertes, nunca fue quien directamente asesinó. No se ensució las manos. La verdadera pregunta es:
¿Qué hace que las personas maten por orden de otra?
¿Por qué seguimos buscando líderes o un dios externo si llevamos dentro la verdad y los secretos de la vida? ¿Acaso necesitamos siempre que alguien nos diga qué hacer porque no confiamos en nosotros mismos?
Y si en pleno siglo XXI ocurriera una guerra (ojalá que no), ¿serían capaces quienes portan armas de matar por órdenes de una sola persona?
El siglo XXI ha traído una evolución profunda, haciendo más difícil engañar a las personas, pero todavía caemos.
No te enojes con la guerra, porque para que este mundo exista, necesita ser dual. No sabes qué es saciar tu hambre si no has tenido hambre; no sabes qué es beber agua si no has tenido sed. Y sobre todo, no sabes que la vida es efímera hasta que experimentas la muerte.
Tristemente, o afortunadamente, necesitamos conocer la guerra para saber qué es la paz. Porque sin dolor, ¿cómo sabes que estás vivo? No es casualidad que te pellizques para saber si estás soñando; el dolor es parte de la vida y lo que hace posible el milagro de la existencia. Sin dolor no conocerías el abrazo, ni valorarías a tus padres si no existiera la muerte. El dolor da sentido a la vida, pero no siempre sabemos canalizarlo para aprender.
Muchos prefieren sumergirse en el dolor como si fuera una obligación. ¿Cómo lo sé? Porque aún no perdonas a tu amigo, a tus padres, o a ti mismo. Mientras sigas etiquetando todo como bueno o malo, vivirás en la división, eligiendo lados que te separan de tus hermanos.
Tenemos todos lo mismo: un cuerpo, un cerebro y un corazón. Pero el dolor mal canalizado alimenta un ego que nos hace creer que somos superiores o que siempre estamos en lo correcto, perdiendo la visión de nuestras semejanzas.
Imagina un grupo de personas rencorosas, violentas y victimistas en una habitación. Aunque no se conozcan, la tensión creará una lucha de poder que puede convertirse en una guerra.
Ahora imagina un grupo que canta al fuego, danza con la luna y el sol, canta icaros, música medicina y reza. A esos los llaman locos o hippies, porque desde niños nos enseñaron a juzgar y no a comprender.
Y tú, con una sola perspectiva, te preguntas: ¿por qué Dios permite la guerra? Sigues culpando a una inteligencia suprema por algo que tú mismo causas, porque no puedes perdonar.
¿Crees que Dios, esa inteligencia perfecta, haría algo imperfecto? Ni siquiera entiendes el funcionamiento de tu propio cerebro.
La guerra somos nosotros. El conflicto es nuestro.
¿Entiendes por qué en ciertas regiones hay guerra?
Tu verdadero aporte para esos hermanos no es juzgarlos ni criticarlos, sino cambiar tu manera de pensar y salir de la ignorancia. ¿Quieres ayudar? Lo harás amando y bendiciendo, no odiando. Si odias al presidente o a alguien más, solo le das poder con tu energía. Ámalo como a un hermano, no solo cuando te conviene.
Con amor,
Arely Olivares

