Entre la tierra que me lanzaron
y las flores que me entregaron,
aprendí que todo
hace crecer mi jardín.
Las manos que me traicionaron
fueron el abono de mi tierra,
y las manos que me ayudaron
fueron la semilla del fruto.
No puedo agradecer más a unas
más que a las otras,
pues sin la tierra
yo no tendría dónde sembrar,
y sin semillas
yo no tendría de dónde agradecer la felicidad.
Porque lo que más disfrutamos
es lo que más nos cuesta;
porque el sabor a la vida
lo dan los enemigos.
Pero cuando comprendes
que tu único enemigo
eres tú y tu perspectiva,
entonces, mi querido lector,
lo has de tener TODO.
Arely Olivares

