Vampiros energéticos
Imagina que dentro de ti hay una lucecita. Esa luz es tu energía: lo que te hace brillar, pensar bonito, crear cosas, reír y sentirte viva.
Cada vez que piensas en alguien que ya no está —una expareja, un amor no correspondido o incluso alguien que te hirió—, un hilito de esa luz sale de ti y viaja hacia esa persona. Tu mente abre un puente invisible, y por ese puente se va parte de tu energía, tu fuerza y tu paz.
Y del otro lado, muchas veces, no hay reciprocidad… solo vacío.
Cuando sigues mirando hacia quien no te mira, entregas tu luz sin darte cuenta.
No porque esa persona sea más poderosa, sino porque tú misma la alimentas con tu atención.
Y hay quienes, sin conciencia, viven de eso: de absorber la energía ajena, de sentirse vivos solo cuando alguien los recuerda.
“Son los llamados vampiros emocionales.”
No siempre chupan sangre; chupan pensamiento, tiempo y brillo interior.
Cada vez que revives lo que fue, discutes en tu cabeza o esperas una respuesta que nunca llega, ese hilito se hace más grueso… y tu luz empieza a apagarse un poquito, porque la estás enviando lejos en lugar de quedártela para ti.
Por eso te sientes cansada, confundida o triste sin entender por qué: tu energía se quedó allá, girando en pensamientos que no puedes controlar.
El alma se desgasta cuando pelea con fantasmas. Y tanto una expareja como un enemigo pueden convertirse en eso: en sombras que se alimentan de tu atención.
Pero la buena noticia es que puedes traer tu luz de vuelta.
Solo necesitas recordarte que la luz te pertenece. Imagina que cortas esos hilos invisibles y que todo lo que habías enviado —tu amor, tu rabia, tu esperanza— regresa a ti, más fuerte y limpia.
Siente cómo vuelve a tu pecho, cómo limpia tu mente, cómo te devuelve el centro.
No se trata de olvidar, sino de liberar. De aprender que quien te roba paz no merece espacio en tu pensamiento. Que tu energía es demasiado SAGRADA y valiosa para dejarla en lugares donde no hay reciprocidad.
Cuando eliges no pensar más, no estás siendo egoísta:
estás siendo sabia.
Y esa es la verdadera forma de amor propio: cerrar el ciclo y volver a encender tu propia lucecita interior, hasta que alumbre todo tu camino.
Con AMOR Arely Olivares

