La perspectiva enferma

La perspectiva enferma

La perspectiva es la capacidad que tiene el ser humano de observar desde distintos ángulos su realidad.
¿Pero cómo saber que lo que está observando es lo “correcto”?

En términos metafísicos, no hay correcto o incorrecto, bueno o malo; solo un enfoque que busca observar más allá de lo que aparentemente se ve, sin etiquetar la acción observada. Pero el tema se titula La perspectiva enferma porque sí existe una perspectiva que causa deterioro, enfermedad y desgaste en una persona, y es esa la que abordaré.

Muchas veces creemos que mirar al otro con morbo, envidia o culpa no tendrá consecuencias; sin embargo, solo se trata de una persona observando un solo lado de la gran paleta de contrastes que existe. Para dejar de sufrir o caer en el juego del victimismo y la búsqueda de culpables, se debe aprender a dominar la perspectiva o juicio que tenemos sobre cada evento, dejando de catalogarlos como buenos o malos, y aprendiendo solo a observar sin absorber —maestría que se adquiere mediante la meditación y el estudio del autoconocimiento—.

Si a la persona le resulta imposible dejar de catalogar los eventos como “malos”, se está obligando a permanecer en un solo lado del polo o a decidir constantemente basado en su juicio de “cómo debería ser la vida”. Por ello, jamás encontrará la paz o el equilibrio que busca, porque, simplemente, el equilibrio es la parte media que se encuentra entre lo bueno y lo malo.

Es una verdad que a muchos les cuesta aceptar, ya que deben dejar de lado algo que no son, pero con lo que se identificaron durante muchos años: su juicio.
Ser juez de la vida y de la vida de los demás solo delega la responsabilidad de tener que decidir entre negro o blanco. Jamás se encontrará en el juicio el punto medio, porque en ese caso el punto medio no existe: obligatoriamente se tiene que decidir dónde está la razón.


Y la razón se basa en la experiencia y en la vida que esa alma o ser humano ha llevado a cabo a lo largo de sus años en esta Tierra. Necesitaría, literalmente, ponerse en los zapatos del otro para catalogar si su juicio fue correcto ante aquella persona, considerando que no todos tienen las mismas oportunidades ni el mismo desarrollo de conciencia personal.

Claramente, no se trata de justificar las malas acciones que realiza otra persona; simplemente se trata de comprender que la energía que causa el juicio se transforma en rencor, odio, culpa o victimismo, y el observador no se da cuenta de ello. Cree que es el personaje o el cuerpo que habita, ignorando que es mucho más que eso, y que todo suceso o hecho se encuentra tejido en una gran red cósmica donde, al mismo tiempo, rige la Ley de Causa y Efecto.
El juez o el juicio lanza con sus pensamientos energía negativa hacia el otro, pero aún más hacia sí mismo, pues no se percata del poder creador que tienen sus pensamientos, usándolos de manera negativa; es decir, desperdiciando energía.

Por ello, este tema se basa en la perspectiva enferma: aquella que solo se enfoca hasta su propia nariz, olvidando que existe un mundo mucho más allá de ella y de su razón.

Imagina que una persona te dice que el color negro es el único color que existe, y tú le crees sin más, sin cuestionar. Así creces y vives, creyendo que es lo único que hay. Te la pasas juzgando al blanco por ser lo contrario, porque así te enseñaron desde pequeño que debía ser. Sin embargo, cuando alzas la mirada más allá de ti, descubres que no solo existe el morado, el rojo, el café o el azul, sino una gama infinita de colores que se combinan en incontables tonos, solo para recordarte que lo que sabes es apenas una gota en el gran misterio y milagro de la existencia llamada vida.

Para tener una perspectiva sana, se debe salir de lo común y, de vez en cuando, observar desde un punto más elevado, para no ser arrastrados por el péndulo de la vida, que nos lleva de un lado a otro —de la tristeza a la felicidad y viceversa—, riéndose de cómo juega con nosotros en lugar de nosotros con él.
La clave está en la sabiduría que se esconde en la lectura y en abrir el corazón más allá de la razón.

Si llegaste hasta aquí, gracias y bendiciones.
Con amor,
Arely Olivares

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