Tiempo, personaje al que todos le huyen o tratan de acelerar; el que es enemigo de muchos y maestro de otros, dulce y amargo como la dicotomía de esta existencia divina.
Tiempo, el que desenmascara a los personajes y nos permite ver los frutos de sus cosechas; el famoso que pone a todo y a todos en su lugar.
Tiempo, efímero en un beso y eterno en la locura; tiempo que sana, tiempo que acomoda, tiempo que se hace eterno en medio de los anhelos.
Tiempo que muestras y tiempo que matas. Solo sabes hacer una cosa “bien”: seguir. Y en tu paso, sanas, acomodas, rompes y reconstruyes.
Tú tic-tac… No es amenaza, es espejo. Nos hace correr, pero nunca nos obliga; solo sonríes, te burlas de nosotros, porque sabes que somos eternos jugando a ser fugaces.
Todo sucede ahora… y nada sucede jamás.
Tiempo, dile a mi gente que no hay tiempo, que solo juegas al tiempo para que aprendamos a apreciar la vida a través de la muerte.
Diles que la muerte está más viva que la vida, y que el tiempo solo busca abrirnos los ojos a la eternidad que palpita en el instante y que los sabios llamaron presente.
Por: Arely Olivares

