La redención moderna

redención moderna

En tiempos anteriores, mediante la religión, se promovía la creencia —o incluso se obligaba a aceptar— de que al nacer, el ser humano se convertía automáticamente en “pecador”, simplemente por existir. Con el tiempo, así como un abogado necesita de disputas para ganarse la vida, la iglesia necesitaba crear un sistema que generara miedo, asegurándose de que las personas acudieran a ella como a un lugar de purgación por todos sus errores y pecados humanos.

Con el avance del tiempo y el acceso a la tecnología —una gran luz de conocimiento para la humanidad—, los humanos comenzaron a liberarse de las mentalidades impuestas por otros y a preguntarse: ¿realmente se necesitaba sufrir para ser redimidos y perdonados? Ante el dios único impuesto por la iglesia, un dios castigador y vengativo que sumía a las personas en el miedo, surgió la reflexión de que el creador de todo lo perfecto había hecho, irónicamente, a una especie imperfecta para su deleite, disfrutando del sufrimiento humano.

Así, las culpas se fueron acumulando generación tras generación, hasta llegar a nuestro tiempo, donde muchas personas cargan con problemas de depresión o ansiedad, consecuencia de siglos de presión y culpa acumuladas, sin saber cómo liberarse de ello.

Una nueva puerta se abrió con la tecnología: no solo la del conocimiento, sino también la de la comunicación, permitiéndonos descubrir métodos de sanación más naturales y efectivos que la medicación química o la purificación mediante la autoflagelación. Poco a poco, la información sobre estas prácticas llegó a las manos de quienes estaban dispuestos a explorar, y así nuevas costumbres —antiguas y sagradas en esencia— y formas de pensamiento infinitas comenzaron a abrirse para la humanidad en esta época, a la que muchos llaman la Era de Luz o la Nueva Era.

Los primeros valientes, pioneros en explorar estas posibilidades, abrieron la puerta a las memorias de antiguos dones y sabidurías guardadas en nuestro ADN simplemente por existir. Códigos sagrados que, día tras día, se revelaban a quienes se atrevían a saltar al vacío de lo desconocido para encontrarse consigo mismos. Estos descubrimientos comenzaron a compartirse, dando origen a la nueva era de la redención moderna.

La palabra redención, en latín redemptio, proviene del verbo redimere, que significa literalmente “comprar de nuevo” o “rescatar”, y hace referencia al acto por el cual alguien es liberado del pecado o de sus consecuencias. Esta redención moderna comprendió que el sufrimiento solo genera más dolor, y descubrió dentro de sí misma la verdadera “píldora”: el autodescubrimiento, mediante la alquimia interna y la transmutación de las programaciones impuestas por el miedo y los líderes ignorantes de la humanidad.

Al observarse a sí mismos —una práctica de la filosofía antigua, reservada a pocos— comprendieron la prisión mental en la que habían vivido, no solo ellos, sino también sus ancestros, quienes, generación tras generación, habían sembrado los primeros granos de libertad para sus descendientes. Gracias a las memorias enterradas en lo más profundo, esperando el momento de revelarse, el ser humano comenzó a recordar quién era y cuál era el propósito de su existencia en la Tierra.

De ser una especie que existía simplemente por existir, comenzó a cuestionarse masivamente si sus acciones eran correctas o no, más allá del relato de Adán y Eva. Comprendieron que detrás de esa historia había significados más profundos que la simple desobediencia o la culpa. Los mensajes que antes se tomaban de manera literal comenzaron a revelar códigos, abriendo nuevas dimensiones de entendimiento.

Con el tiempo, muchas preguntas comenzaron a tener respuestas; las personas empezaban a recordar y a plasmar sus mentes mediante lo que los ojos no preparados no podrían descifrar: los libros. Y no es cuestión de méritos quienes pueden o no acceder a esta información, solo se trata de una rueda que cumple sus ciclos según el estado de sus creaciones y su madurez. No es que no lo vayan a alcanzar, es que la semilla aún no está madura para soportar el fruto.

Aunque aún muchos se encuentran en el camino de la prueba y error para perfeccionar su perspectiva, acciones y pensamientos, otros tantos han decidido permanecer en lo conocido, por miedo al cambio o a la responsabilidad que conlleva evolucionar como especie.
Estos últimos, al aferrarse a no cambiar, solo amplían su sufrimiento, pues aunque aún no lo vean, ese es el camino que ellos mismos eligieron para evolucionar. Porque todo sucede exactamente como debe suceder. Incluso ellos, con su negación al cambio, son piezas fundamentales: espejos y contrastes para otros ojos, que encuentran en ellos su propio aprendizaje y mejoramiento.

En esta nueva era, todos, absolutamente todos, aportan lo que deben aportar, donde se encuentran y como piensan. Por ello, si has llegado hasta aquí en esta lectura, es importante que comprendas que no se trata de los demás: se trata de ti, de lo que tus pensamientos y perspectiva están creando.
Eres tan poderoso en tu mente como para crear guerras, pero también lo eres para crear la paz.

Sé que estás cansado del dolor, del sufrimiento y de crear escenarios de miedo. Pero el único con el poder de cambiar todo eso eres tú.
Debes dominarte y cuestionar todo aquello que te implantaron como “la verdad”, para darle paso a tu verdadera esencia como cocreador del universo.

Apoya a tus hermanos y no intentes cambiarlos, pues ellos ya están cumpliendo perfectamente su papel, conforme a sus necesidades y karmas que requieren limpiar.
Por ello, a algunos les tocó el papel de “malos”, para que tú sepas qué es lo “bueno”; pero el fin es el mismo: mostrarnos los contrastes. Algunos de tus hermanos están enfermos para que tú puedas observar la salud y decidir hacia dónde quieres dirigirte y ser.

Por eso, la “redención moderna” ha llegado disfrazada de espiritualidad, para recordarte que no solo eres un cuerpo o una máquina: eres lo visible y lo invisible, eres espíritu, alma, corazón y mente. Eres lo que eres simplemente porque el Creador así dispuso disfrutarte y conocerte; y solo puedes conocerte cuando eres lo que no eres.

Así que bendice cada religión, cada persona, cada guerra, cada desastre y cada acontecimiento “doloroso” que te ha enseñado quién eres, cuando decidiste verlo y tomarlo diferente. Gracias a ellos, sabes que existes; gracias a los pellizcos, sabes que estás despierto. Y si acaso estás soñando… ¿qué importa? ¿Y si no es real? ¿Qué más da? Porque puedes verte de nuevo como un niño a través de los ojos de tus hijos o en aquel perrito de la calle que decidiste alimentar, o en aquel amigo al que elegiste ayudar.

En esas pequeñas y simples acciones te observas a ti mismo todo el tiempo, en lo que llena tu corazón y te hace descubrir cómo se siente ser AMOR.
Porque hasta el día de hoy, aun con todas las mentiras, nadie ha podido arrebatarte eso que te hace humano: tu AMOR.

Así seas el villano más villano, tendrás una mascota o algo que te gane el corazón y te muestre que no eres todo eso que te dijeron que eras, sino que eres hijo e hija de alguien maravilloso, que espera pacientemente a que despiertes de tu siesta del miedo y del dolor, y te des cuenta de que todo este tiempo solo estuviste soñando lo que no eres.

Te veo y te amo.

Con AMOR,
Arely Olivares

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *.

*
*