Querido cuerpo:
Ha pasado mucho tiempo sin escribirte. Perdóname por eso.
Me tomó varias décadas comprender que tú eres mi hogar,
mi lugar más sagrado,
y por ello, lo más bello e importante que tengo.
Quiero que sepas cuánto te agradezco.
Eres un milagro vivo que me permite habitar esta Tierra,
sentirla, recorrerla, ser parte de ella.
Aunque aquí tengas una forma, una identidad, una masa,
eres perfecto tal como eres.
Perdóname por mi ignorancia,
por exigirte tanto durante años sin escucharte de verdad.
Y aun así, nunca me fallaste.
Respondiste cada vez que más te necesité.
Sé que muchas veces te forcé a hacer cosas que no querías.
Sé que no te di el descanso que merecías.
Perdóname por ello.
Hoy hablaste a través del cansancio,
y me hiciste ver lo mucho que te he exigido.
Reconozco que muchas veces me he preocupado más
por tu apariencia que por tus regalos,
y he olvidado que ya eres un milagro completo.
Perdóname por las críticas,
por querer cambiarte, moldearte, corregirte.
Mi mayor error ha sido no saber…
no entender que todo lo que eres es sagrado.
No supe ver que fui yo quien provocó tus enfermedades,
tus accidentes, tus alertas.
No supe escucharte cuando gritabas en silencio.
Te dopé, te ignoré, te empujé a seguir
cuando solo pedías una pausa,
una mirada hacia adentro,
una tregua.
Y cuando al fin me di cuenta,
tuve que volver a pie por todo ese camino
que recorrí sin conciencia.
Y aun así… aquí estás.
Permaneces.
Gracias por resistir.
Gracias por sostenerme mientras aprendía a amarte.
Hoy te veo y te siento como lo que siempre fuiste:
mi templo,
mi regalo.
Tuve que ir lejos para entender
que lo que buscaba siempre estuvo en mí.
Tú.
Mi hogar.
Mi cuerpo sagrado.
Amo tu voz,
tus pies,
tus manos,
tu cadera que me sostiene,
tus piernas, tu columna, tus uñas,
tus orejas, tu vulva, tu cabello,
tus pelos,
cada centímetro y cada poro de ti.
Eres quien me hace sentir la brisa de la mañana
y el sol transformando mis células en vida.
Gracias por tu perfección silenciosa,
por enseñarme a escucharte.
Aún no entiendo cómo mis manos se mueven para escribir estas palabras,
pero ya no necesito entenderlo todo.
Solo necesito agradecer.
Porque tú siempre respondes a mi alma.
Seguimos en este camino,
aprendiendo juntas,
pero ahora sé que llevo al mejor de los compañeros: tú.
Por todas las aventuras que aún nos esperan…
te amo.
Arely Olivares


