La mente, con su imaginación, es poderosa. Pero su mal uso puede causar una catástrofe como el suicidio.
La depresión actúa como un ancla en el pasado. Esto significa que la persona se aferra a un suceso vivido y lo revive constantemente. La mente no distingue entre lo que es real y lo que no lo es; por eso, el cuerpo reacciona como si estuviera nuevamente en aquel evento.
Si los recuerdos son gratos, son bienvenidos. Pero si son dolorosos, el cuerpo sufre repetidamente por heridas que solo debieron tocarse una vez. Esto sucede porque la persona no ha educado a la mente para recordarle que ya no está en aquel momento. Salir de este bucle es muy difícil para alguien desinformado y sin control de sí mismo.
La depresión es, en realidad, una herramienta y un faro que nos indica que es hora de realizar cambios urgentes en nuestra vida. Es la llamada del alma, pidiendo reajuste y consciencia, porque lo que se lleva a cabo actualmente no va con la esencia del individuo y no ha encontrado equilibrio entre mente, cuerpo y alma.
El alma y la mente necesitan avanzar e innovarse constantemente. Posiblemente se encuentran varadas por miedos o limitaciones imaginarios. Ignorar esta llamada convierte la depresión en un depredador, sembrando energías negativas: rencor, odio, pena, vergüenza, amargura.
El depredador opera a vibración muy baja, engañando a la mente para hacerle creer que esa voz negativa es propia. La ignorancia hace que no se reconozca que no se trata de uno mismo, sino del ego o de un ente que tuvo acceso a la psique en algún punto de la vida.
Causas frecuentes de depresión:
- Experiencias traumáticas.
- Violaciones o abusos.
- Pérdidas familiares o de metas.
- Ilusiones no cumplidas.
- Desajuste entre expectativa y realidad.
- Enfermedades heredadas.
- Problemas económicos.
- Comparación con otros y estereotipos sociales.
- Baja autoestima y falta de aceptación del entorno o de sí mismo.
- Relaciones fallidas o desamor.
- Consumo de alcohol o drogas, que aumentan hasta 10 veces el padecimiento.
El consumo irresponsable de sustancias puede abrir estados profundos del inconsciente, y sin guía adecuada, perjudica el juicio y el equilibrio emocional.
La falta de acompañamiento correcto también dificulta la sanación. Buscar causas externas es un error; el problema se alberga en el interior de la mente, el espíritu y el alma. La medicina tradicional busca suprimir síntomas, pero no erradica la raíz.
Para depresiones severas, se necesita guía especializada, con conocimiento del mundo más allá de lo visible. Sin embargo, la sanación también es posible por sí mismo. El individuo tiene en su interior la medicina para restaurar su esencia.
El proceso implica escucha, silencio y perdón. Aceptar la realidad, asumir la propia responsabilidad y desaprender la programación impuesta por una sociedad desinformada permite una vida más compasiva y amorosa consigo mismo.
El error común es culpar al exterior, cuando en realidad, a través del libre albedrío, uno mismo toma decisiones que perpetúan patrones de depresión. La toma de conciencia es esencial y se logra mediante información, estudio y autoobservación. Preguntas como “¿Quién soy?” y “¿Qué estoy haciendo aquí?” son fundamentales.
Un buen acompañamiento, rodearse de personas positivas y aprender a pedir ayuda son claves. El depredador hace creer que es malo no sentir gratitud, ocultando el sufrimiento. Guardar este estado es como cargar una mochila llena de culpa, que crece con el tiempo.
La medicina de la depresión es sencilla, aunque puede parecer complicada:
- Guardar silencio.
- Escucharse.
- Observar y perdonar lo imperdonable que se ha hecho o recibido.
La pregunta final: ¿Quién te hizo creer que la vida es difícil?
El camino hacia la sanación es simple y sin esfuerzo.
Arely Olivares

