Los patrones son acciones, eventos y comportamientos que se repiten con cierta regularidad, lo que los hace predecibles. Existen dos tipos principales: patrones positivos y patrones negativos.
Los patrones positivos están alineados con la naturaleza y pueden observarse en todas partes: en las plantas, las matemáticas y las figuras que reflejan el orden natural. Por eso tienden a ser predecibles, como las estaciones —primavera, verano, otoño e invierno— que siguen un ciclo constante. Este orden nos habla de una ley universal: la ley de causa y efecto.
Desde una perspectiva espiritual y psicológica, algunos patrones humanos también son positivos, como el aprendizaje y la memoria. La repetición de estos patrones proviene de la experiencia, permitiéndonos actuar con sabiduría.
¿Qué son los patrones negativos?
Los patrones negativos son aquellos que se ejecutan de manera automática o inconsciente, sin que la persona perciba las decisiones que está tomando. Hacer el mismo error una y otra vez se convierte en un ciclo difícil de romper. Como suele decirse: cometer un error una vez es un accidente; repetirlo es una decisión.
Estos patrones se originan en la mente pero se reflejan en el mundo exterior. La persona tiende a tomar las mismas decisiones frente a situaciones similares, aunque no sean exactamente iguales. Esto dificulta elegir caminos nuevos o diferentes.
Una de las principales razones de esta resistencia es el miedo o la zona de confort. La incertidumbre de lo desconocido genera inseguridad, mientras que aferrarse a lo conocido brinda una falsa sensación de tranquilidad. A largo plazo, estos patrones negativos pueden tener consecuencias dañinas, frenando la evolución mental y espiritual de la persona.
Si no se reconocen ni se resuelven, estos patrones pueden derivar en enfermedades o problemas que, por desconocimiento, se atribuyen al destino o la mala suerte. En realidad, se trata de la falta de oportunidad de permitir que el alma evolucione y rompa esos patrones.
La persona puede vivir semanas, meses o años repitiendo la misma realidad, como en un bucle, día tras día. Incluso si llegan nuevas personas o circunstancias, si no cambia la actitud, la realidad seguirá siendo la misma.
Por eso es fundamental observar con profundidad las situaciones de nuestra vida. Muchas veces son espejos que nos muestran qué debemos cambiar. Sin embargo, elegimos el camino más cómodo, creyendo estar seguros, sin darnos cuenta de que esto nos encierra en una rutina que apaga la chispa del alma y nos hace víctimas de nuestra propia existencia.
Como dice un gran principio espiritual:
“El alma se alimenta de experiencias y vivencias; no le importa si lo hiciste bien o mal, sino lo que aprendiste de cada experiencia.”
En nuestra realidad, convivimos con la polaridad de lo negativo y lo positivo, y ambos son necesarios. La clave está en identificar los patrones positivos que nos sirven y desechar los negativos, para alcanzar templanza, plenitud y equilibrio con nuestra verdad interior.
Si deseas transformar un patrón negativo, empieza por prestar atención a tus decisiones. No es que siempre te cruces con personas que no te agradan, sino que eliges acercarte a ellas. No es que sigas en un trabajo que no disfrutas, sino que tomas decisiones que te llevan hacia él.
Si continúas haciendo lo mismo esperando resultados diferentes, nunca cambiará.
Tú tienes el poder de cambiar.
— Arely Olivares

