¿Sabes realmente descansar?
Nos dicen que el descanso es fundamental para mantener el equilibrio en nuestra vida, pero… ¿sabes realmente cómo descansar?
El descanso puede tomar muchas formas: cómo dormimos, esos momentos de pausa en nuestra actividad, estar sentados en el sofá, o simplemente no hacer nada. Sin embargo, en esta era de tecnologías, exceso de información y redes sociales, junto con los nuevos estereotipos que surgen día a día, el descanso y la introspección a menudo se sienten como un lujo o incluso como una culpa.
Hoy te escribo desde mi cama, donde me he obligado —sí, obligado— a descansar, y quiero compartir contigo los beneficios del descanso y la mejor manera de practicarlo.
No es un mito que el cuerpo necesita descansar y dormir bien, al menos 8 horas, como nos recomiendan los médicos. Pero, ¿qué hay del cese consciente de actividades?
Cuando estamos en procesos de autoconocimiento, desarrollo personal y búsqueda de nuestros objetivos, es común caer en la comparación con otros, en cómo y qué hacen ellos.
Hoy vivimos una sobrecarga de información. Desde que despertamos, el cerebro recibe símbolos, anuncios, sonidos, palabras —desde la radio, la calle, hasta nuestro celular que no dejamos de consultar—. Todo eso se acumula inconscientemente, almacenándose en nuestro inconsciente, y puede alimentar la ansiedad o la depresión.
No es lo mismo ver videos de naturaleza o técnicas para mejorar la vida, que ver noticias violentas o quejas constantes sobre política. La calidad de la información que consumes afecta directamente tu estado emocional.
Para alcanzar un equilibrio pleno y desarrollar templanza —un estado constante de paz— el descanso es indispensable.
Pero el descanso es un tema amplio que requiere aprendizaje y práctica en distintas áreas de nuestra vida.
El primer descanso fundamental es el sueño. Pero, ¿cómo dormir plenamente si no sabes calmar tus pensamientos o elegir los adecuados para un buen descanso?
El segundo descanso es el tiempo inerte que regalas a tu cuerpo, ese en que no haces absolutamente nada, ni limpiar, ni trabajar. Recuerdo que me dije: “Hoy me obligo a descansar”, porque la mente empieza a llenarse de dudas, cuestionándose si está bien no hacer nada, si eso me vuelve inútil… pero mi cuerpo me suplica ese descanso.
El autoconocimiento es clave para desarrollar nuestra templanza. Escribir no cansa mi cuerpo, pero sí mi mente, que también necesita sus propios descansos.
El tercer descanso es para la mente, esa maravillosa herramienta que no deja de pensar ni un instante. Para ella uso la naturaleza como aliada: caminar en un bosque o parque purifica la mente, dejando que los pensamientos negativos se queden en la tierra, en los árboles, en las plantas que observamos.
No es un mito: quienes tienen más contacto con la naturaleza reflejan una armonía que no se ve en quienes solo viven en la ciudad.
El cuerpo no funciona sin la mente, y ambos dependen del corazón, ese pequeño órgano que comanda y debe ser el timón de tu vida. Todo tu ser depende de él.
No te engañes pensando que no puedes descansar porque tu rutina te hace fuerte; mi secreto es que el descanso mejoró mi condición física y mental al 100%.
No tengo todo bajo control, pero aprendí a escucharme y comprendí que no controlo el exterior, solo lo que sucede en mi interior.
Mi secreto para regular mi sistema nervioso fue el descanso, el no hacer nada, los periodos inertes hasta que el cuerpo se acostumbró. De niña y adolescente, viví con un sistema nervioso hiperactivo por golpes y abusos, siempre en alerta.
Más tarde, un trabajo muy demandante mantuvo esa alerta constante, y a mis 25 años sufrí ansiedad y depresión, consumiendo cigarrillos sin ser consciente del daño, creyendo que eso era “vida normal”.
Después de años de procesos de limpieza y apoyo de guías y plantas, me dediqué a descansar. Al principio fue difícil, no sabía cómo hacerlo. Mi sistema nervioso resistía el cambio, aferrado al caos que conocía como droga.
La calidad de los pensamientos es clave en el descanso, así como la calidad de lo que consumes por los sentidos. Me tomó meses aprender a no hacer mucho más que trabajar y estudiar, meditando al menos dos minutos diarios.
Acostumbré a mi cuerpo a periodos inertes con la meditación y paciencia, recordándome que está bien no hacer nada; mi niña interior necesitaba descansar.
Descubrí que el desorden en casa es parte natural de la vida: somos como vehículos que necesitan mantenimiento. Nosotros, en cambio, seguimos empujando hasta que la enfermedad nos detiene, o un accidente nos obliga a frenar.
Me tomó más de seis meses estabilizar mi sistema nervioso, combinando descanso, meditación y otras prácticas. Hoy comparto esto contigo para que sepas que está bien descansar, incluso sin estar enfermo.
Mi cuerpo dio el máximo durante tres semanas intensas de ser mamá, trabajar, estudiar, cuidar hogar y practicar yoga y senderismo. Ahora mi descanso está guiado por mi menstruación.
Si eres mujer, el mejor descanso es durante tu menstruación, que ya realiza una limpieza profunda. No descansar en este periodo puede tener consecuencias irreversibles; cuida tu cuerpo.
Si eres hombre, te recomiendo al menos tres días al mes de descanso inerte. Aunque físicamente más fuerte, descansar potenciará tu vigor.
Cuando descanso, dejo de ir a yoga o senderismo, pero al volver, rindo mejor y disfruto más, motivándome para las siguientes semanas.
Los periodos de descanso también pueden generar aburrimiento, cuestionamientos e introspección. Aprovecha para limpiar mentalmente lo que ya no te sirve y para buscar ayuda si lo necesitas.
Así, yo he creado esta página web que mejora con cada pausa, con más calma y mejor redacción. Nada es desperdicio, ni siquiera los descansos.
Te recomiendo que durante esos periodos escribas, dibujes, bailes o hagas algo que te guste, algo que te reconecte con tu niñez. Ver caricaturas, descansar en cama, agradecer a tu cuerpo, esa máquina perfecta que te lleva, te permite sentir, crear y amar.
También regálale a tu mente tiempo en la naturaleza, lejos de pantallas y móviles, para que pueda procesar y descansar.
Anclarte en el presente con respiración consciente unos minutos al día ayuda a disipar los problemas que solo existen en tu imaginación.
No te mentiré: el descanso por sí solo no cura ni da paz completa, pero combinado con inteligencia, es una herramienta poderosa para tu bienestar y tranquilidad.
Este es solo un inicio en el tema del descanso, que abarca mucho más. Quiero que sepas que no está mal no hacer nada (con moderación), y que si estás en un proceso de sanación, puede tomar tiempo reaprender a descansar, pero es posible llevar una vida plena con este conocimiento.
Espero pronto escribir más sobre este tema, siempre con amor.
Arely Olivares

