La merma como parte de la vida

Imagen creada por la IA

“Nada crece sin gastar algo, nada muere sin dejar espacio”

La merma puede describirse como el proceso de pérdida o aquello que se echa a perder. Es parte natural de la vida que las cosas, en todos los ámbitos, caduquen. Llega un momento en el que algo se vacía porque ya cumplió su misión.

La vida no acumula para siempre. Circula.

  • Lo que llega, un día se va.
  • Lo que nace, muere.
  • Lo que crece, merma.
  • Lo que se llena, se vacía.

La merma no es falla ni error. Es el recordatorio de que nada nos pertenece del todo.

Para comprender esto a profundidad, es necesario comprender los ciclos. Los ciclos son espacios para dejar morir, descansar, reavivar y volver a nacer. Es como una casa que tiene muchos años construida y cuyo interior está lleno de muebles viejos y desgastados. Tarde o temprano, es necesario sustituirlos y reparar las grietas que el tiempo le provocó a la estructura.

Así sucede también con nosotros, a nivel emocional, espiritual, psíquico y económico. Si no damos espacio a la muerte de ciertos procesos, quedamos atrapados en realidades que con el tiempo se vuelven pesadas, no porque estén mal, sino porque ya no están vivas.

La muerte no llega solo al final del cuerpo. Llega cuando se va un trabajo, una versión tuya, una certeza, una relación o una idea de futuro. Y duele porque la mente quiere fijar lo que por naturaleza es transitorio.

Cuando atravesamos etapas con menos energía, menos certeza o menos brillo, no es un error del sistema. Es el sistema ajustándose. Esa disminución prepara el terreno para lo nuevo, porque aquello que permanece lleno no puede recibir nada más.

La abundancia tampoco es estática ni eterna. Todo exceso desgasta si no circula. Cuando algo se acumula —poder, emoción, éxito, dinero o incluso luz— necesita transformarse o morir en la forma en la que era conocido, para no volverse rígido o corrupto. Por eso, a toda abundancia le sigue un desgaste, no como caída, sino como redistribución.

La vida te da:

  • tiempo
  • vínculos
  • dinero
  • fuerza
  • fe

y también te los quita, no para castigarte, sino para que no te confundas y creas que eres dueño de ellos en lugar de habitante.

La merma enseña humildad. Te baja del control. Te vuelve presente.

Cuando algo se te quita, no siempre es porque no supiste cuidarlo.
A veces es porque ya cumplió su función.
A veces porque, si no se va, tú no te mueves.
A veces porque estabas empezando a hacer de eso tu identidad.

La trampa es pensar “si me lo quitan, entonces hice algo mal”.

No.

La ley es otra:

Lo que no muere, se pudre.
Lo que no se suelta, pesa.
Lo que no merma, estanca.

Así la vida y muerte no son opuestos. Son fases del mismo pulso.

Morir no siempre es desaparecer. Muchas veces es dejar de ser de cierta manera. Vivir no siempre es crecer. A veces es aprender a soltar.

La paz no viene de que nada se te quite. Viene de saber que puedes vivir incluso cuando se te quita.

La merma no es castigo ni señal de error. Es el lenguaje silencioso de los ciclos pidiendo espacio. Cuando se aprende a escucharla, la vida deja de sentirse como lucha y comienza a sentirse como un ritmo que sabe a dónde va.

Arely Olivares

¿Te resonó este escrito?

Si este texto habló a tu interior, te invito a leer mi libro
Yo soy lo que no soy: La alquimia y transmutación del amor.

Un libro dirigido a personas que desean conocerse más profundamente, comprender sus procesos internos y las leyes de la vida, ampliar su percepción a través de conceptos universales y transformar sus debilidades en fortalezas.

Descubrir mi libro

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *.

*
*