Humildad

Camino amarillo

El sendero amarillo

Humildad no significa renunciar a lo que deseas, ni creer que no mereces tener.
Cuando comprendes la humildad, descubres que es el camino dorado hacia la verdad, un sendero iluminado desde dentro, donde cada paso se apoya en amor y conciencia. Se nos pide humildad para equilibrar al ego, ese impulso insaciable que siempre quiere más y más, que busca lo inmediato, lo rápido, aunque lo obtenido de esa manera sea frágil o construido desde la precipitación.

La humildad no retrasa tus pasos: los fortalece. No es lentitud, sino cuidado en la construcción, bases sólidas que el tiempo pule con paciencia.

El esfuerzo honesto, el sudor que deja tu trabajo humilde, el amor que siembras en cada acción… eso es lo que sostendrá lo que llegue a ti. Cuando finalmente alcanzas aquello que anhelabas —sea un sueño, una meta, un deseo— la satisfacción es profunda, completa y merecida. Tan firme que el ego no encuentra dónde infiltrarse, tan verdadera que no hay fuerza que la derrumbe.

Imagino este camino como un sendero amarillo, brillante bajo el sol y acariciado por la brisa, que serpentea hacia todos tus sueños y deseos. Pero en el camino aparece el señor Zorro, astuto y tentador, ofreciendo atajos que prometen llegar antes, sin fatiga ni esfuerzo.

Algunos ceden… y construyen rápido, pero los muros que levantan se agrietan, los puentes se caen, y las pérdidas —ya sean de amor, de bienes o de paz— llegan como lecciones tardías.
Todo porque olvidaron que la base es lo primero, que lo que sostendrá tu vida no puede ser construido a la ligera.

La única base que permanece de por vida es el amor con Dios. Por eso cada logro verdadero lleva Su nombre. Por eso tu camino también debe llevarlo. No porque Dios busque castigarte o imponer su voluntad, sino porque ya conoce las trampas del sendero y te muestra señales para que no caigas en ellas.

A veces confundimos obediencia con obligación. Pero la obediencia es el regalo de la disciplina para ti:

Un mapa antiguo de experiencias, un faro que ilumina tus pasos, un recordatorio de que la vida hecha con paciencia, esfuerzo y amor es la vida que no se derrumba.

Caminar con humildad es aprender a valorar la lentitud de la construcción, a sentir cada piedra que colocas, a disfrutar la brisa que acaricia tu camino, a sonreír cuando el sol ilumina tu sendero amarillo. Porque cada paso que das con amor y fe es un paso que te sostiene, que hace de tus sueños algo duradero y que permite que tu corazón avance firme, libre de trampas y pleno de luz.

Con AMOR, Arely Olivares

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